El pasado Sábado a los últimos de San Agustín se les ocurrió visitar La cueva de Ardales y la iglesia rupestre de Bobastro.
Todo comenzó en el centro de interpretación con la magnífica explicación de Pedro Cantalejo, que de manera muy amena nos fue explicando la Prehistoria y el paso de los antepasados por la cueva.
Quedó muy claro que a la cueva iban solamente para dormir, a pasar la noche.
La extensa charla del señor Cantalejo fue para no hablar mucho en la cueva y disfrutar de ella.
Acto seguido la caravana de vehículos de los últimos de San Agustín partió por una estrecha y serpenteante carretera, detrás de la conducción del señor Cantalejo.
El rally es de unos cuatro kilómetros u su meta se encuentra a 565 metros sobre el nivel del mar.
Nos adentramos con nuestro casco y una linterna que nos repartió Pedro.
Nos pidió dieciocho veces que permaneciéramos juntos y le hicimos caso a duras pena.
Qué bien cuenta las historias de la cueva y sus habitantes, sus piedras y sus escalones...
Ahora entiendo por qué iban solo a dormir, porque había que subir y bajar doscientos escalones.
Pedro nos dijo que en la cueva hablaría menos, pero solo lo dijo, porque en la cueva se jartó de hablar
La cueva merece la pena, está mantenida como cuando salió el último Neandertal,
sin luz eléctrica, sin barandillas, sin tablaos para actuaciones... Una cueva muy salvaje.
Próximo capítulo Visita nocturna a la iglesia rupestre de Bobastro

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