jueves, 20 de abril de 2023

20 de Abril 2023


 DE ACÁ AL MÁS ALLÁ
Estáis preparados/as/es para leer mi último relato corto que presenté al grupo online del Ateneo de Málaga "Párrafos atenienses"
Su título: "Del acá al más allá"


¿Cómo estás?
Bien.
¿Y David?
Vendrá más tarde con Tatiana.
Qué tal Jesús.
Regular tengo un dolorcillo.
Jesús, Jesús, Jesús, despierta. Ayudarme.


De repente, paso de la luz a las tinieblas, de la claridad a la oscuridad, del ruido de la música y la voz alta, al más intenso de los silencios, de tranquilidad extrema.
Siento una paz no experimentada anteriormente.
Salté desde el olor a sudor, a tabaco y a canapés, al tubo inodoro, aséptico, y de aroma a limpio.
Me deslizo a ciegas por el interior del conducto.
Por un instante creo oír voces lejanas, algo parecido a un eco. 
No logro distinguir si son conocidas o extrañas, si se ríen o lloran.
Como no uso reloj y el móvil lo debí dejar en la salita, desconozco el tiempo que llevo andando. Podrán ser treinta minutos como en el PET, o quince como en los TAC de contraste, o sesenta minutos como la espera del oncólogo.
Creo adivinar una especie de humo denso a lo lejos, persiste el silencio y la calma.
La humareda me va envolviendo como la niebla de Londres.
Hay muchas llaves colgadas por las paredes y al fondo una puerta de madera vieja y desgastada.
Parece que una sombra estilizada y tenue de una persona está sentada en el banco, que es de la misma madera de la puerta.
Soy Pedro. Se presenta la sombra.
Yo Jesús.
La sombra se enoja y no deja de remover las llaves de la pared.
Las golpea unas con otras y algunas caen al suelo.
Jesús, Jesús, dígame algo más. ¿Usted sabe cuántos Jesús tienen que subir hoy? 
Pues, unos veinticinco.
Suarez Caparrós.
Eso está mucho mejor. Vamos a mirar en la lista. Suarez, Suarez, Suarez, aquí está, la número trece. Rápido que le están esperando. Abra la puerta con la llave.

La llave es muy antigüa y oxidada. Claro con tanta humedad.
Cuando traspaso la puerta me encuentro con un pasillo largo y estrecho, angosto diría yo. Unas antorchas que apenas daban luz permitían ver las cientos de puertas a derecha e izquierda.
La 69. Gritó Pedro desde el otro lado de la puerta.
Localizo la puerta y está cerrada, abro con la llave.
Me ciega la luz y el ruido, después del silencio y la oscuridad he de acostumbrarme.
No se donde estoy, hay mucho movimiento, muchos niños vestidos de hebreos, agitando hojas de palmeras.
¿Es usted Jesús? 
Sí
Yo soy el Juan, la Samaritana y los dos niños te están esperando. Móntese en el burro.
¿Yo?
-Sí venga ya, el pueblo le aclama.
Subo al burro, estoy trastornado, parece que he viajado en el tiempo. 
Esto si que es un paseo triunfal y no el que se dieron el Real Madrid cuando ganó la Champions.
Cuando acabé el paseíto se me acercó Pedro.
Vamos a cenar con los colegas. ¿Te apuntas?
Sí, por supuesto.
Ven que te los presento.
Yo estaba en una reunión de amigos y de pronto pasé a un tubo oscuro, después acá.
Lo que quiero decirle es que no he traido la cartera.
Por favor, no tiene que pagar nada.
Muchas gracias.
Este es mi hermano Andrés, Santiago, dos Judas, otro Santiago y su hermano Juan, Mateo, Felipe, Tomás, Bartolomé y Simón
Uno a uno me fueron abrazando, el más efusivo Simón, que me susurró al oído.
Ten mucho cuidado con Judas Iscariote que es un chivato.
Entramos en un mesón llamado “Vaya usted con Dios”
Nos sentamos los trece en una mesa muy larga y me cedieron la presidencia.
Los platos de barro cocido están repletos de pescado fresco. 
Juan, Andrés, Santiago, Felipe y Pedro son pescadores.
En la mesa había también panes catetos y redondos.
No faltaba ni un detalle, cinco enormes jarras llenas de vino se repartían entre los pescados.
El festín duró cuatro horas, acabamos con el pescado, el pan y el vino.
El humo del incienso y la ingesta de vino hizo efecto y nos abrazamos para cantar “Galilea patria querida…” y Judas me besó.
Vamos al Jardín Prohibido.
Si, si, vamos.
El Jardín Prohibido es una taberna situada en los jardines de Getsemaní, que regenta una tal María Magdalena, y que pone un vino y unos licores destilados de plantas y flores que te ponen loca la cabeza.
Cuando salimos la cabeza me daba vueltas y me costaba mantenerme de pie.
Me invitaron a montarme en el burro para el regreso a casa.
A medio camino nos paró la Guardia Romana.
Papeles del burro, cartilla, vacunas, Inspección Técnica de Burros (ITB) y usted sople por este aparatito.
Los de la pandilla intentaron convencer a la patrulla romana, pero fue infructuosa las excusas.
Por conducir burros sin carnet, por el burro que es robado, por ir a una velocidad superior a la permitida en el pueblo y por dar positivo en alcohol, usted queda detenido.
Pero si a mí me han invitao. Me desplomé.
Cuando abrí los ojos vi a la PCR, Patrulla Civil Romana diligenciando mi prendimiento. 
Una vez delante de un tal Pilatos y con el pueblo embrutecido y gritando para que me crucificaran, el doctor en leyes dictó: 50 latigazos y crucifixión.
Me ataron a la columna y cumplieron con la primera parte del castigo.
El primer latigazo me pilló en frío y chillé:
¡Ay cohones!
El segundo lo esperaba.
¡Qué yo no he hecho ná!
El tercero me lo dio más fuerte.
¿Tanto por montar en burro?
El cuarto, más que el tercero. Así que opté por no protestar porque el verdugo se ensañaba, pegando cada vez más fuerte.
Los latigazos acabaron conmigo, qué brutos son. Pero esto era un aperitivo, quedaba lo peor. Me pusieron una cruz de madera en el hombro y querían que subiera al Monte Coronado.
Clavado me quedé con la cruz a cuestas y desangrándome por la espalda.
Simón me ayudó a levantar el madero y alivió mi peso.
Después de tres caídas llegamos a la cumbre del Monte Coronado.
Y habló Pilatos al pueblo:
Jesús está hecho polvo, los latigazos casi acaban con su vida. 
¿Queréis que lo libere?
Y el gentío gritó:
Crucifícalo, crucifícalo…
Clavadlo en el madero…
No lo suelte, crucifixión…
Yo no entiendo nada. Primero me reciben como un Rey y luego me quieren crucificar.
Me ponen sobre la cruz y llega el carpintero del pueblo.
Abro bien los ojos y puedo observar que hay dos crucificados ya.
El carpintero me tranquiliza.
Jesús te haré el menos daño posible. Primero te clavaré las manos y luego los pies.
Pero si yo no he hecho nada, sólo montar en burro, comer y beber. Yo estaba tan tranquilo cenando en casa de unos amigos cuando pasé al tubo oscuro, al agujero negro.
¡Ay! Qué me has clavao
¡Perdón!
Usted no puede dedicarse a las cocinas, a las mesitas y sillas. ¡Ay! Qué me ha clavao la otra mano.
Lo siento Jesús.
Ese clavo es muy largo ¡Ese no!
Es que ahora le tengo que atravesar los dos pies.
¡Ay, ay, ay. Y me desmayé.
El cuerpo humano se acostumbra a todo, al placer y al dolor.
Cuando abrí los ojos sentí un dolor muy fuerte en manos y pies.
Me acordé del carpintero, de su familia y de sus difuntos.
Le pregunté a los otros dos si estaban así por montar en burro, pero estaban peor que yo y no contestaron.
Miré hacia abajo y había tres mujeres, reconocí a la de Magdala.
Ssss, ssss, tú eres María Magdalena.
Sí. Te he traido un licor para el dolor. Pero estás muy alto.
Encontró un trozo de esponja y la empapó en el líquido, luego con una caña muy larga la situaba en mis labios y la chupaba. Repetimos varias veces.
Entré en un estado de sopor y no tenía dolores.
Bajaron la cruz y me quitaron los clavos. Me subieron y me pasearon sobre un catafalco fabricado en bronce y maderas nobles.
El silencio vuelve a reinar a mi alrededor. Hay cientos de personas pero por donde pasa mi cuerpo, no se oye ni el vuelo de una mosca.
Volví al frío y oscuro tubo negro y mis ojos se cerraron.
En mi Semana Santa no hubo Resucitado, ni pude ver relíao a nazarenos de todos los colores y cofradías.

Jesús Suarez Caparrós. 

DEP














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