La expresión tiene su origen en el Sacromonte, donde un aprendiz del oficio de herrero, no manejaba bien el fuelle, por lo que las piedras no seguían incandescentes y la forja no era buena.
Dado que la palabra follar significa, entre otras cosas, soplar con el fuelle.
Hoy hemos estado de excursión, con un grupo de Alhaurín el Grande, la mayoría jubilados.
El desayuno lo hemos hecho en ruta, en un bar de carretera.
Es emocionante las conversaciones, a ciertas edades:
-Yo tengo la tercera dosis puesta.
-Yo la de la gripe y neumonía.
Mucho más glamour tiene la variedad de pastilleros, los hay pequeños, grandes, de plástico, metálicos y de todos los colores.
Pero lo más interesante es la variedad de pastillas y para que sirven.
-Yo me tomo cuatro, la rosa cuadrada, para la depresión, la alargada blanca para la tensión, la capsula azul, para la circulación, la naranja para el colesterol.
-Pues yo me tomo seis, la roja para el corazón, la verdecita para el azúcar, la amarilla para los triglicéridos...
Y, así pasamos el desayuno, con la tertulia "pastillera", con los cafés, los cola cao, los bollos con manteca colorá, tomate, mantequilla y mermelada...
Hasta que nos interrumpe el guía: -Venga que tenemos que salir en cinco minutos...
Me levanto y aún no son ni las cinco de la madrugada del sábado al domingo.
Períodos de insomnio, que tantos tengo.
Hago zapping y encuentro en Teledeporte, un partido de baloncesto entre España y Francia, en sillas de rueda.
Hay que tener una gran fuerza de voluntad y esfuerzo, para jugar, sin piernas o con ellas, pero sin poder caminar, amarrado a una silla de rueda y lanzando un balón a canasta.
Y, para el que nunca los haya visto, os diré que no son unos angelitos, pues forman unas peloteras y se marcan con las sillas de ruedas, chocando unas contra otras.
Llevaba cinco minutos, embobado, frente al televisor, cuando uno de los jugadores se cae al suelo bocarriba, atado a la silla de rueda. Me dio una pena, verlo tirado, delante del árbitro, que no le hacía caso, entre sus compañeros que tampoco le ayudaban a levantarlo.
De repente, se impulsa con los brazos y da la voltereta con la silla de rueda, a cuestas, como los caracoles con su casa. Lo que hizo ese tío en décimas de segundo, a la mayoría de nosotros nos llevaría toda una tarde.
Seguí, con más pasión el partido, sus choques, sus caídas, sus tiros de tres...
Son los saltimbanquis del basket, los que no encuentran barreras, donde los demás las vemos.
Aquí os dejo un enlace por si queréis ver el partido: