Es un camposanto muy familiar. Yo vivía en las Flores y por las noches entrábamos arrastrando al cementerio por unas tuberías grandes.
Allí estaban enterrados mi padre y mi abuelo.
Me impresionaba las interminables filas de nichos y la belleza de los panteones.
Aún me agrada pasear, en silencio, por sus calles y pararme en algún panteón.
Como lugar de entierro desde principios del siglo XIX, el Cementerio de San Miguel de Málaga es considerado uno de los principales cementerios monumentales de Andalucía y de todo el país. Su fundación obedece, como la de tantos cementerios españoles, a una Real Cédula de 1787 del Rey Carlos III en la que, por razones sanitarias, prohíbe seguir enterrando en las iglesias y conventos.
Es una de las pocas necrópolis del siglo XIX que ha llegado hasta nuestros días prácticamente intacta: la portada, la capilla, la mayoría de los panteones, las salas de pésame o de velatorios, aunque muy deteriorados, se han conservado desde el siglo XIX.

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