Llegó hace quince años a la casa y estuvo hasta ayer.
Ha dejado un extraño silencio.
Quince años dan para mucho, aunque el tiempo pase volando.
Ya tenía cuatro meses cuando nos la dieron y disfrutamos de sus travesuras, hacer pipí fuera de su papelito, correr en círculo, abrir los cubos de basuras y sacar las cosas en la cocina…
Siempre ha sido muy guapa y elegante, ligaba mucho en las salidas al parque.
Un día en Torremolinos se enamoró perdidamente de ella un perrito blanco, lleno de rizos. Tuvimos que llevar a Tintin a casa, estaba colado por Tani. Cómo el amor era mutuo, tuvieron cinco perritos, siendo una madre ejemplar, le mantenía limpia la cama y los alimentaba con su leche.
Los perritos se destetaron y se independizaron. Todos menos uno, siempre tenemos en casa al remolón que no se va. Ese es Turrón se quedo para siempre con nosotros.
Además de elegante era muy inteligente, por el ruído del motor sabía que llegábamos y se ponía a ladrar. Cuando cambiamos de coche tardó sólo un par de días en reconocer al nuevo.
Le temía a quedarse sola en casa, sin humanos y como sabía que yo salía poco se sentaba encima de mis pies, mientras se iban las niñas y mi mujer a la calle.
Le pillaron los achaques, cataratas, dificultad para oir, caminar, pero ella ha seguido, hasta el último día, haciendo travesuras y con la cara tan bonita.
Cuando alguien le preguntaba ¿Y papá? ella me buscaba con la mirada, entonces se me caía la baba…
Podría escribir un libro pero no quiero aburrirles.
Tani, has pasado toda tu vida con nosotros y una parte de nuestra vida contigo, te vas dejándonos un extraño silencio, hasta siempre “mi Tani bonita”.
Te queremos.


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