Halloween
En el día de Halloween, os dejo un pequeño relato inédito, no publicado.
Raintown, es un pequeño pueblo de Escocia. Llueve 360 días al año. Una lluvia fina y perenne, empapa la tierra y siembra de musgo las pocas casas de piedra que quedan en pie.
Raintown, es un pueblo gris, sombrío, lúgubre y tenebroso. Tiene dos habitantes, Tom, con 80 años y Peter, con 83 años. Son hermanos y viven juntos en la casa que albergó al Ayuntamiento, cuando Raintown era un pueblo próspero.
Tom cultiva un pequeño huerto. Tiene tomates, pimientos, lechugas, patatas y calabazas, que sólo ven el sol cinco días al año. Motivo, por el cual, lo sembrado es de escasa calidad.
El huerto no necesita de riego. Este año las calabazas están muy hermosas y Tom presume de ello.
Peter es el pastor del pueblo. Desde muy pequeño le gustaban los animales. Ahora le quedan dos cabras viejas. Alterna el ordeño, un día Luci y al día siguiente, le toca a Mary. Apenas saca leche para dos vasos, pero suficientes para el café de los dos hermanos.
Peter, también tiene cuatro gallinas, cuya producción de huevos es de cuatro semanales. Ponen un huevo, entre las cuatro, los lunes, miércoles, viernes y domingos.
Raintown tuvo sus días de gloria, a mediados de los años 60, cuando rozaban los cincuenta habitantes. Llegó a tener dos bares, hasta un banco y una oficina de correos.
Hoy sólo queda en pie el Ayuntamiento, el cementerio y una pequeña iglesia, junto a éste. El resto de las casas son un montón de piedras.
Son las ocho de la tarde, desde las cinco es de noche. Los hermanos son poco habladores. Hay un refrán escoces que dice así: “Escoces y de pueblo, poco verbo”
-¿Vamos a cenar ya?
-Sí.
-Esta noche es Halloween.
-Tenemos que ir al cementerio.
-Para celebrar que estamos vivos.
Cenaron pronto y rápido. Cogieron una botella de whisky y se marcharon al campo santo.
Raintown tiene un cementerio pequeño y cuadrado. Hay veinticinco nichos, veintitrés ocupados y dos vacíos.
Aunque la distancia era corta, los dos hermanos llegaron empapados al cementerio, pues llovía copiosamente. Por el camino, el cielo les brindó dos espectaculares relámpagos y dos ruidosos truenos.
Empujaron la verja, pesada, de hierro y entraron. Un silencio sepulcral reinaba en el recinto, roto sólo por el sonido de la lluvia.
Los dos nichos que estaban vacíos eran para Tom y Peter, los dos últimos habitantes.
Se metieron, cada uno en el suyo, para resguardarse de la insistente lluvia.
-Esto está muerto.
-Teníamos que haber ido a la capital.
-¡Qué noche de Halloween más aburrida.
-Bueno, Tom, pásame la botella.
-Toma Peter.
Entre trago y trago de whisky, hubo más relámpagos, truenos y algunas ratas corriendo entre las tumbas. A las once de la noche, borrachos, cada uno en su nicho, se quedaron dormidos.
La lluvia no cesó ni un instante. Los primeros muertos comenzaron a salir de sus tumbas a las doce y un minuto.
La primera en salir fue Bethia, como cada año, con su melena de pelo gris.
Se mantiene intacta, no ha cambiado. Su calavera manifiesta la belleza que atesoró en vida. Era la administrativa del ayuntamiento y todos los jovenzuelos del pueblo, suspiraban por ella, pero nunca se entregó al matrimonio.
Le siguió Anderson, el terrateniente del pueblo. Estaba impecable con su flor seca en la solapa. Fueron saliendo, uno a uno, los muertos, el boticario, el tabernero y su mujer…
Todos se conservan muy bien, bajo tierra. Se saludan entre ellos y empieza el baile del silencio. Todos beben agua fría de la fuente y saltan como muertos, bajo la fina lluvia.
Un grupo de difuntos se dirigen al huerto de Tom y cogen las calabazas. Las dejan huecas y las agujerean con tres boquetes, dos para los ojos y uno para la boca sonriente.
Meten las carabelas en las calabazas y siguen bailando. Se ríen a carcajadas, se lo están pasando de muerte.
Mientras Tom y Peter duermen la borrachera a tumba suelta, ni se enteran del silencio que están formando los cadáveres.
Antes de que amanezca, vuelven deprisa, los muertos a sus tumbas. Alguno se equivoca de morada, han bebido demasiada agua, y le cuesta encontrar su tumba.
Se olvidan un par de tibias, pocas, para el baile y los escorzos que se marcaron.
Cuando despierta Peter, el cementerio sigue en silencio, observa atentamente los huesos sobre el suelo y se sorprende de ver las calabazas de su hermano, agujereadas y esparcidas.
-Despierta Tom. Alguien ha estado jugando con tus calabazas.
-Maldita sea.
-Alguien ha estado hurgando por aquí.
-¿Quién, los muertos?
-Hermano, que inocente eres.
-Pues aquí huele a muerto.
-Es que me ha dado un apretón. Cierra tú, voy corriendo a casa, que me c…
Jajajajajaj muy bueno 🎃👏👏👏
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