Cada vez que canto, llueve.
No es que yo cante mal,
es que siempre lo hago en días grises.
No me encuentro dotado para el canto, ni siquiera en la ducha. Yo pongo interés, pero no es suficiente. Pierdo la entonación, voy bajando el tono y el volumen de voz, hasta desafinar estrepitosamente.
Lo que digo yo: Tó no lo voy a hacer bien...


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